Estrella Damm, Mediterráneamente

Bye bye, Gran Sur

El agua del mar está a 10 grados, signo inequívoco de que estamos ganando norte sin parar. Detrás ha quedado el cabo de Hornos, que no vimos por nuestra opción más al sur para evitar desvientes.



Apuntando rumbo a las Malvinas, viento de través de 15 nudos. Nuestro paso por los mares del sur ha sido como mínimo interesante. En el Índico estábamos al 100%. Regateamos cada milla hasta el approach a Nueva Zelanda. Después, ya sabéis lo que pasó. El Pacífico, en cambio, ha sido bastante duro para mí, ya que las condiciones muchas veces me superaban, no porque no las hubiese vivido antes, sino porque estaba más pendiente de no hacerme más daño en la rodilla que de regatear.

En el pacífico hemos pasado por diferentes fases. Regatear un poco y sobrevivir, cuando el simplemente navegar ya se nos hacía difícil; evitar cambios de vela para no agotarnos las baterías y a partir de ahora, poco a poco, tenemos que intentar recuperarnos.

Siempre he dicho que cuando llegas al Gran Sur al 100% sales al 50%. Nosotros hemos salido algo más bajos de energía.

Atrás quedan olas gigantes, mares confusos, horas de estrés mirando el chubasco que viene detrás, si traerá 40 nudos o solo 30 y podremos seguir con la vela grande; conducción tipo motocross con olas de todas direcciones… ¡Qué pequeño es el barco en estos mares y qué grande cuando está atracado en el Náutico de Barcelona! Cielos grises, lluvia, nieve, frío… mucho frío. Siempre me viene el recuerdo de una nevera gigante que tenía mi tía en el supermercado. Cuando entrabas, al respirar, el frío te bajaba por los pulmones. Pues aquí, cuando el agua está a seis grados y sales a cubierta, la primera vez que respiras es la misma sensación de estar encima de una gran nevera.

Esta vez tenía ganas de salir de aquí abajo. No sé si volveré. Esta vez ha podido conmigo…
De lo que sí estoy seguro me va a pasar es que al estar en el sofá de mi casa a las dos semanas de llegar, no podré parar de pensar en los albatros, en cómo surfeaba las olas gigantes, en los momentos de estrés con 40 nudos, en el spi grande, en que el barco se apoya sólo los cinco últimos metros en el agua y en que la adrenalina te fluye por los poros de la piel; la corredera va a 25, 26, 27, 28, 26… de repente, clavada increíble de la proa, te quedas casi sin timones, pegas un cañazo, los timones agarran de nuevo y salvas una ida de orzada increíble. Por dentro sonríes. El corazón te va a mil… La increíble belleza de las mega olas del ciclón Atu, la lucha que tienes de tú a tú con las condiciones y mares de aquí abajo.

Lo que sí sé seguro, y que me ha pasado cada vez, es que al mes de estar en casa no podré parar de pensar en cuándo volveré aquí de nuevo, cómo podré prepararme mejor a mí mismo y al barco, etc. Una vez se te mete el Gran Sur en el cuerpo… es muy difícil sacarlo.

JACK SPARROW | LA PERLA ROJA | 52S 59W